La “naturaleza humana” se puede usar como un término que explique el comportamiento inaceptable de la gente.
Esto quedó demostrado durante una noche de invierno en el Bryant Park de Nueva York.
La gente se reunió para disfrutar de las maravillas de uno de los pasatiempos invernales más emblemáticos de Manhattan: el patinaje sobre hielo. El lugar estaba repleto de personas de todas las generaciones que se deslizaban sin esfuerzo por el suelo de hielo mientras llenaban la noche de charla.
Lamentablemente, las mismas personas que se divertían, actuaron de forma inapropiada cuando se burlaron de un hombre que, a diferencia de ellos, luchaba fuertemente por mantenerse en pie sobre el hielo pulido.


Parecía la típica sesión de patinaje sobre hielo ligera y despreocupada, pero desafortunadamente, el locutor tuvo que interrumpir y romper la diversión informando a la multitud de una pulida del hielo y un repavimentado.
“Les pedimos que sigan las instrucciones de sus protectores de patinaje y salgan del hielo de manera lenta y segura. Muchísimas gracias”.


Enseguida los patinadores obedecieron y se movieron hacia las salidas, a excepción de un hombre que luchaba por deslizarse en el hielo.
“Señor, otra vez con el caballero del suéter rojo, por favor, si puede dar la vuelta, darse la vuelta, volver a la salida, se lo agradeceríamos”.


El hombre trató de moverse rápido, pero apenas y podía deslizarse sobre la superficie de hielo. Era evidente que tenía problemas con sus patines, porque hizo de todo para dirigirse hacia la salida.
La llamada por el parlante en conjunto a los intentos fallidos por salir de allí, hizo que un grupo de personas se quedaran mirando y comenzaran a reír.
Continuaron burlándose durante largo rato.
Algunos negaban con la cabeza y se reían al ver la lucha del hombre.


Pero la situación estuvo a punto de cambiar cuando la música comenzó a escucharse por los altavoces.
Aun tratando de abrirse camino hacia la salida, el hombre tropezó torpemente a través del hielo a pesar de los susurros y risas a su alrededor.
Apenas podía mantenerse en pie, pero repentinamente se comenzó a deslizar.
Sin embargo, esto no cambió la reacción de la multitud sobre sus pobres habilidades de patinaje sobre hielo. Algunos simplemente miraron en silencio mientras que otros continuaron mirándolo críticamente y riendo.


Sin embargo, para sorpresa de los espectadores, el hombre de rojo comenzó a deslizarse con más confianza.
Solo en medio de la pista de patinaje, comenzó a empujar y deslizarse, incluso levantando una pierna detrás de él. Su fingida incapacidad seguro que había engañado a la multitud.


Mientras continuaba patinando casi de manera experta, los espectadores que parecían más preocupados que los demás comenzaron a sonreír, como si en silencio lo animaran y reprendieran a los que se burlaban de él.
La música siguió sonando y el hombre mostró el resto de sus movimientos.
Parecía satisfecho de haber demostrado lo equivocados que todos estaban al organizar un espectáculo inesperado para los visitantes del parque.


Esta fue una gran lección para todos los que se reunieron esa noche. Nunca está bien burlarse de la falta de habilidades de alguien. El Dalai Lama lo dijo mejor,
“Nuestro principal propósito en esta vida es ayudar a los demás. Y si no puedes ayudarlos, al menos no los lastimes”.


La fría noche invernal en Nueva York presentó la mejor sorpresa de todas a los patinadores de hielo.
La forma en la cual actuó el caballero de suéter rojo y la manera de responder del público, causaron una autentica revelación.


No te pierdas la reacción de la multitud ante el patinaje del hombre en el video a continuación.
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